Festividad total. Algunos nunca se imaginarían que, con la lluvia que cayó en anoche, el Estadio Rommel Fernández Gutiérrez iba a tener el ambiente que tenía. Todo estaba pintado de rojo. Chicas lindas y galanas; niños con sus caritas pintadas. La afición panameña deleitó, con su entrega, colorido y pasión.
Fuera del recinto, a eso de las 7:00 p.m., las largas filas, pero con orden, eran la tónica del momento, aunque todo bajo el orden y la vigilancia de la Policía Nacional, que no perdió ningún detalle mientras los fanáticos se tomaban sus refrescos, buscaban algo de comer o su entrada.
Ya dentro del estadio, las batucadas no se hacían esperar. Los "oleee, oleee, oleee" de la fanaticada roja extasiada, ávida de fútbol y de alegría, le daban un toque de lleno al Rommel.
Detallando un poco más, pudimos notar que el color rojo prevaleció en las camisetas de los hinchas istmeños, aunque unos que otros vistieron de blanco y hasta se pusieron la camiseta del equipo nacional de béisbol, que anoche también nos brindó alegrías tras apalear a Venezuela, en el Estadio Rico Cedeño.
Por otra parte, las ventas de camisetas, gorras, comida, bebidas y suvenires no hicieron falta, ya que había más de ocho puestos de venta en las afueras del Rommel.
Alegría total.
A eso de las 7:45 p.m., la lluvia dejó de caer sobre el "Coloso de Juan Díaz" y la fiesta tomó más fuerza... Después, llegó el Himno... las gargantas se detuvieron y, de lo más profundo del corazón... el Himno Nacional de Panamá fue coreado por más de 12 mil fanáticos panameños.
Lo más curioso fue que no se vieron muchos hinchas "nicas" dentro del estadio. Aunque, por ello, el carnaval futbolístico y festivo no se vino abajo. Al final, todos gozaron, brincaron y saltaron con la victoria.
Cuando comenzó el partido, explotó la hinchada roja. Tejada, Cooper y "Negrito" Quintero fueron los jugadores más aclamados por el público istmeño. Jaime Penedo ni siquiera vio mucha acción, ya que casi no fue puesto en aprietos por la delantera pinolera.
Con el gol del "Matador", el Rommel completo, al unísono, coreó: "Matador, Matador, Matador". Aunque, cuando Blas hizo el 2-0, la algarabía fue mucho más fuerte, pues se estaba sentenciado el partido y la clasificación.
Victorias son victorias. La de ayer, con una gran actuación del ariete istmeño de los Indios de Ciudad Juárez de México, Blas Pérez, fue una noche de ensueño.
Gran partido para Panamá, y ahora a pensar en la siguiente ronda.

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